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Archive for 3 mayo 2007

Os dejo un par de videos sobre las virtudes que habrán de tenr los nuevos bibliotecarios.

 

Fuente: Librosfera.

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turgueniev

Puede descargar la novela de Turgueniev pulsando sobre alguno de los siguientes enlaces:

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robinsonHace ya algún tiempo, tuve la suerte de asistir a una conferencia de Vincenç Pagès Jordà, autor entre otros de De Robinson Crusoe a Peter Pan. Un canon de literatura juvenil, libro publicado en catalán y que mucho me temo no podremos disfrutar en castellano. En su ensayo, el autor se propone compartir su relación de libros indispensables para iniciarse en la lectura.

Vicenç Pagès inició su charla con un decálogo muy personal de lo que entiende debe hacerse con la lectura. Os lo dejo a continuación, porque me parece de interés:

  1. Es preferible no leer cualquier cosa.
  2. Es preferible no elegir los libros por su mensaje.
  3. Es preferible no obligar a leer copias deslucidas de originales deslumbrantes.
  4. Es preferible no leer cualquier traducción.
  5. Es preferible no obligar a realizar trabajos.
  6. Es preferible no abusar del contexto.
  7. Es preferible no imponer interpretaciones.
  8. Es preferible no repetir lecturas.
  9. Es preferible no dejar al lector solo ante el libro.
  10. Es preferible no fiarse de las campañas publicitarias.

No suscribo en su totalidad el decálogo, pero sí reconozco que es un buen punto de partida para reflexionar sobre lo que queremos conseguir cuando recomendamos un determinado libro. Sobre todo, me interesa el primer item, ya que de él dependen algunos de los restantes y, además, justifica la necesidad de establecer un canon: ¿qué debe leerse? ¿por qué? ¿cómo debe leerse? ¿en qué momento?

Muchos de los que leéis estas líneas es posible que opinéis que no es necesario un canon, pero ¿cómo enfrentarse si no es de la mano de un guía al océano profundo de la literatura? Os dejo una cita de Iván Klima:

Estos amigos [los libros], que hemos acariciado alegremente con la mirada, se transforman en enemigos que intentan enterrarnos bajo su peso.

La necesidad de un canon-guía se me hace evidente, y más aún en el terreno de la literatura juvenil donde las editoriales nos asaltan cada año con una avalancha de nuevas obras indispensables para el desarrollo del adolescente tal y como lo queremos, aunque no sé muy bien si ese desarrollo contribuye al del gusto literario y el disfrute lector.

Otra cuestión es quién establece ese canon y qué obras deben aparecer en él. Toda propuesta de canon es ideológica, personal y cultural; y esas dimensiones convierten cada relación en discutible. No creo que sea posible la coincidencia exacta entre dos itinerarios de lectura de dos personas distintas, pero su utilidad va más allá de la aceptación de un canon determinado porque obliga, de alguna manera, a formular una selección propia.

Personalmente, me gustan los cánones honrados como el de Vincenç Pagès que lo presenta desde el principio como algo estrictamente personal, fruto de su experiencia lectora. Él propone una relación de libros que le hicieron sentir placer. Son los siguientes:

Rudyard Kipling: El libro de la selva.
E.T.A. Hoffmann: Cascanueces y el rey de los ratones.
Frances Hodgson Burnett: El jardín secreto.
Jack London: La llamada de la selva.
Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyer.
Lucy Maud Montgomery: Ana de las Tejas Verdes.
Alexander Pushkin: La hija del capitán.
Margaret Oliphant: La puerta abierta.
H.G. Wells: La máquina del tiempo.
Nikolai Gogol: Taras Bulba.
Henry R. Haggard: Las minas del rey Salomón.
Arthur Conan Doyle: El sabueso de los Baskerville.
Zane Grey: La herencia del desierto.
R.L. Stevenson: La isla del tesoro.
Anthony Hope: El prisionero de Zenda.
J.M. Barrie: Peter Pan.
Jules Verne: La vuelta al mundo en 80 días.
Howard Pyle: Historia del rey Arturo y sus caballeros.
Jules Verne: Viaje al centro de la tierra.
Charlotte Brönte: Jane Eyre.
Stephen Crane: La roja insignia del valor.
Mark Twain: Las aventuras de Huckelberry Finn.
Bram Stoker: Drácula.
Jane Austen: La abadía de Northanger.
Alexandre Dumas: Los tres mosqueteros.
Ivan S. Turguenev: Primer amor.
Daniel Defoe: Robinson Crusoe.
Herman Melville: Moby Dick.

Como habrán comprobado, se trata exclusivamente de novelas del siglo XIX (salvo Robinson Crusoe) y de autores no hispanos. Esta característica del canon de Pagès se apoya en dos razones de peso:

  • Se trata de obras leídas y disfrutadas ya por varias generaciones de lectores, por tanto, han demostrado de sobra su valía más allá de las campañas publicitarias.
  • Al leerse traducidas no presentan problemas lingüísticos, ya que toda traducción supone una actualización del lenguaje y el estilo.

También es significativa en la propuesta de Vicenç Pagès el orden de la relación, ya que el autor pretende con él porporcionar una secuencia de lectura adaptada a unas edades que van de los 11 o 12 años hasta los 16 o 17.

¿Compartimos este canon? Probablemente no. Sin duda en él son todos los que están, pero no están todos los que son, como sucede con cualquier listado selectivo. La utilidad de la relación reside, como ya he dicho más arriba, en convertirse en punto de partida para la reflexión y construcción de nuestros cánones personales. ¿Os atrevéis a establecer vuestro propio canon de 20 obras para incitar a la lectura? Os dejo el mío, que más que una propuesta para nuestros alumnos de hoy es memoria de aquellos libros que me hicieron amar las letras:

  1. J.M. Barrie, Peter Pan.
  2. Mark Twain, Las aventuras de Huckleberry Finn.
  3. Herman Melville, Moby Dick.
  4. R.L. Stevenson, La isla del tesoro.
  5. A. Conan Doyle, El sabueso de los baskerville.
  6. Julio Verne, Miguel Stroggoff.
  7. Julio Verne, La vuelta al mundo en ochenta días.
  8. Julio Verne, Veinte mil leguas de viaje submarino.
  9. J.D. Salinger, El guardián entre el centeno.
  10. Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, y, por supuesto, Cien años de soledad.
  11. Antonio Buero Vallejo, Historia de una escalera.
  12. Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir.
  13. Henry R. Haggard, Las minas del rey Salomón.
  14. Mary Shelley, Frankenstein.
  15. Camilo J. Cela, La familia de Pascual Duarte.
  16. Franz Kafka, La metamorfosis.
  17. Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias.
  18. Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros.
  19. Ernest Hemingway, El viejo y el mar.
  20. Fedor Dostoievski, Crimen y castigo.

Y como he dicho veinte, no pongo ninguno más, aunque me quedo con las ganas.

José Mª González-Serna

(Publicado en Cuaderno de Clase)

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